El otro, el mercado de valores, la bolsa, ya debería estar cerrado. Al fin y al cabo, las empresas que realmente mantienen la economía no cotizan en bolsa, la pequeña y mediana empresa, la que aporta valor al producto con su trabajo, sin maniobras raras, sin chanchullos.
¿Cómo puede ser que el futuro de una empresa constructora - y sus cientos de puestos de trabajo- dependa de que venda su participación en una empresa de petróleo? Algo habrá que hacer para que todo esto no vuelva a ocurrir. Por lo pronto leer opiniones. Como la de Alfonso Guerra, en un artículo publicado en la revista TIEMPO titulado "¿Crisis del capitalismo?". Por supuesto te recomiendo que lo leas (me lo ha pasado el compañero Carlos Benítez). Además de quedarme con la frase que se destaca en el artículo, "La gravedad mayor de lo que está sucediendo en el capitalismo mundial es que los afectados por tanta irresponsabilidad y estafa se ven obligados a aceptar que con el dinero de sus impuestos se auxilie a los ladrones...", y que aboga por plantear posturas socialdemócratas, apunto su cita de Bertolt Brecht: “¿Cuál es el más grave delito, atracar un banco o fundarlo?”.
En la sección de opinión de EL PAIS, Manuel de la Rocha Rubí, argumenta muy bien en su artículo "Los costes del despido como ideología" la nula efectividad que contra la crisis tiene la postura neoliberal sobre abaratar los despidos. Destaco "...de la actual crisis ni son causantes ni tienen culpa directa o indirecta los trabajadores..." y "Los hechos vuelven a demostrar que el principio neoliberal de que la búsqueda de la mayor ganancia individual conlleva el mayor bienestar colectivo es falso".
Ya es hora de plantearse cambios drásticos en el sistema económico. Si los bancos no responden a la demanda de la sociedad, habrá que plantearse una acción directa del Estado a través, por ejemplo, de las cajas de ahorro.
Cerrar las bolsas. Los que están metidos en ese ajo le llaman "el juego de la bolsa". Pues no estamos para juegos, mire usted. Hay días que están cerradas y no se hunde el mundo. Y ha habido épocas en que ni siquiera existían, y el mundo progresaba. Así nos libraríamos de uno de los baluartes de la especulación.
Estatalizar actividades consideradas como fundamentales para la vida: agua, gas electricidad, comunicaciones, por ejemplo. ¿Cómo se puede especular con el agua, cómo hablar de producir beneficios empresariales con este bien escaso? ¿No está todo el mundo (o casi) de acuerdo con la Sanidad y la Educación públicos? Pues hagamos esto extensivo a otros sectores fundamentales como los mencionados. O la vivienda, ¿no es constitucional el derecho a una vivienda digna? pues quitémosla del "libre (y nefasto) mercado".