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martes, 24 de enero de 2012

Árboles, ¡fuera!

Pero bueno, ¿cuánto cuesta mantener cuatro arbolitos? ¿Están tan mal las arcas municipales que impiden replantar cuatro naranjos ahí donde la atilanada acción humana ha dejado ver sus efectos?
A este paso convertiremos el casco urbano en un desierto de alquitrán y adoquines, donde no pueda darse ni un triste jaramago.
El estado del bienestar también consiste en poder disfrutar de la estética que nos proporcionan los árboles y jardines en la ciudad.
Yo no sé dónde están las prioridades del gobierno municipal: problemas de limpieza, de transporte público, de alumbrado público. Siguen sin saber gestionar el pago de las nóminas de la plantilla municipal (ni emprender alguna reestructuración). Está claro que un Ayuntamiento no puede resolver por sí sólo el problema del paro, como engañosamente prometió la alcaldesa del PP García-Pelayo en su campaña electoral. La obligación del Ayuntamiento es dar los servicios indispensables de orden y limpieza, de acuerdo con lo que recauda. Una comunidad de vecinos, vamos. Y eso no lo está haciendo. Tampoco.
El caso, como el que vemos en la imagen, no es desgraciadamente el único. Una estrecha calle del casco antiguo asfixiada por el tráfico y a la que se le han eliminado las aceras (para facilitar el paso de los coches), ahora le quitan el toque verde. Así podrán los vehículos tener más sitio para aparcar un "momentito" y hacer alguna gestión por el centro. Ni árboles ni bolardos. ¿Y los peatones, qué harán? Así nos va.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Como dijo Trillo...

Estamos en la calle Arcos de Jerez. Céntrica y comercial. Aquí, como en otras tantas calles y ciudades, ya se ha comenzado el trabajo de instalación de las luces de Navidad. Falta poco para que llegue el año en el que nos encontremos con las luces y los villancicos en septiembre, justo al empezar el curso. En fin.

Se empieza lógicamente colocando los soportes, que o bien se pondrán sobre las propias fachadas de las casas o bien sobre unos postes colocados en la acera. Esta parece ser la solución tomada al menos en la parte de la calle Arcos a la que me refiero. Las fotos están tomadas con el móvil deprisa y corriendo, así que son de baja calidad, pero nos sirven para lo que quiero mostrar.

En esta primera foto se vislumbra a la izquierda en línea con los bolardos, un poste vertical de color verde.



Aquí en esta se ve con más detalle. Qué detalle. ¿Ves cómo han fijado el poste? ¿Y dónde? A un bolardo con cinta adhesiva.

Puede que al escribir estas líneas la instalación ya se haya venido abajo, pues hace un rato nos ha caído un temporal de agua y viento de fuerza bruta...

Qué pena que no se aprecie bien en las fotos, pero te puedo decir que el poste es metálico, y va a sostener un artefacto eléctrico, con el peligro que puede suponer para cualquiera que pase y lo toque. La descarga puede ser mortal.








Fíjate en esta última foto que el poste no toca el suelo, está sobre el último extremo del bolardo, lo que aumenta el peligro de derivación de la corriente eléctrica a través de quien toque ese maldito poste.

Hay muchas calles en Jerez donde esos bolardos hace ya tiempo que fueron arrancados, lo que demuestra su fragilidad (Puedes ver una foto repasando una entrada, aquí, en este mismo blog.

Hay que ser serios con la cosa municipal. Si con algo tan aparentemente trivial se es tan chapuza, ¿qué podemos esperar del resto de las actuaciones municipales? Evidentemente, más chapucería.

¿Te extraña ahora el título de esta entrada?

martes, 8 de diciembre de 2009

Bolardos, invasión de aceras y una zambomba

Dando una vuelta hace unos días por el castizo (y para mí muy entrañable) barrio de San Miguel máquina de fotos en ristre, no me pude resistir a tirar unas cuantas a lo que me encontraba por delante. Dentro de poco nuestro pueblo se convertirá en "Jerez, la ciudad de los bolardos rotos". La verdad es que quedan muy pocos. A éstos creo que algún organismo internacional con mucho prestigio debería declararlos Patrimonio de la Humanidad, por su escasez.

No he tenido la oportunidad de ver cómo se "revienta" un bolardo de estos, y si se hace intencionadamente o no. Deberíamos hacer una encuesta por los talleres chapistas y preguntarles cómo les va el negocio. Para mí que hoy por hoy debe ser muy bollante, a la vista de lo que decimos. A no ser que se empleen otros medios distintos y sean los propios vecinos quienes se encarguen de su extinción... para poder aparcar su amado y nunca suficientemente venerado coche.

La foto de los bolardos-que-no-están es de la calle Barja. Si seguimos hacia la plaza de la Cruz Vieja, nos encontramos con rastros de otros ciudadanos (es un decir). Éstos pueden mostrarse muy solidarios en estas fechas con alguna ONG (se creen ellos que se van a ganar con eso una parcelita en el cielo) pero muy desconsiderados con los peatones, pues tienen que bajarse de la acera porque esos monstruos dejan aparcados sus coches en sitio prohibido. Además, pueden provocar unos de los accidentes más frecuentes en las ciudades: el atropello.

Mientras tanto sigo pensando que para qué nos sirve la Policía Local. Innumerables veces los veo pasar ante situaciones como la descrita, impasibles. Es más, la propia Policía local comete esta infracción (la de aparcar el vehículo en la acera, todavía no he visto a ninguno romper un bolardo, pero sólo es cuestión de paciencia...)

Sinceramente, a veces pienso que debo estar equivocado, que esto de aparcar en las aceras, obligando a los peatones a bajarse de las mismas y tener que ir por la calzada con el peligro de que te atropellen debe ser algo permitido por el código de la circulación, el civil y el penal, pues muchos lo hacen. Pero no, ¿verdad? ¿A que no está permitido? Si mal actúan quienes lo hacen, también actúan mal quienes lo permiten, la Autoridad.

Menos mal que una vez llegamos a la Cruz Vieja (actual calle Ramón de Cala), justo al lado del monumento a Lola Flores, nos integramos en una zambomba que celebraba la Peña Colchonera, el mismo sábado en el que el Atlético de Madrid le metió al Xerez un 0-2. No me extraña que tengan el corazón roto.

No hacía frío, pero tampoco hubiera importado...