jueves, 10 de noviembre de 2011

Cuidado con los pensamientos positivos

Porque me ha resultado curioso el apunte, transcribo aquí (porque no puedo colocar el enlace) el titulado "Los peligros del pensamiento positivo" de Alla Katsnelson, publicado en el Investigación y Ciencia de noviembre de este año. En resumen nos viene a decir que el pintarlo todo de color de rosa, puede no ser tan adecuado para obtener éxito en las cosas.

Y esto puede venir a cuento para lo que se acerca el próximo 20N. El PP es muy optimista en los resultados que espera obtener en las elecciones generales y su líder está más callado que en misa para no alterar a nadie ni el resultado de las encuestas, lo que le lleva a no dar respuesta a ninguna de las cuestiones que se le plantean y tomando la ambigüedad como bandera. Por otro lado el PSOE en algunos aspectos ya se siente oposición y parece que se está dejando ir por el desánimo. Rubalcaba se ha dado cuenta y está reaccionando bien, haciendo propuestas concretas y "retando" a su adversario -Rajoy- a que se moje, ciertamente con poco éxito.

Si el PP se duerme en los supuestos laureles y el PSOE no lo da todo por perdido, nos podemos llevar una sorpresa al ver los resultados de los votos el 20N por la noche.

Aquí va el apunte al que hacía referencia:

Desde los grandes atletas hasta los entusiastas de la autoayuda, los partidarios del pensamiento positivo --imaginar el éxito de nuestros objetivos y deseos-- creen que este supone una ayuda infalible para lograr una meta. Si bien algunos estudios han apoyado esta idea en el pasado, ahora los investigadores consideran que debe matizarse: pintar un futuro demasiado rosa podría dañar nuestras posibilidades éxito.



Una explicación propone que un pensamiento idealizado puede perjudicar la motivación, como indica un estudio publicado a comienzos de este año en el Journal of Experimental Social Psychology. Los investigadores pidieron a estudiantes universitarios que fantaseasen con resultados positivos ante ciertas situaciones, como gozar de un aspecto atractivo con zapatos de tacón alto, ganar un concurso de ensayos o conseguir un sobresaliente en un examen. Después, evaluaron el efecto de las fantasías sobre los participantes y la forma en que, en realidad, se desarrollaron los acontecimientos.


Los más soñadores sufrieron una disminución de la presión arterial y refirieron experiencias peores que los probandos más realistas o incluso que aquellos pesimistas. Para evaluar cómo transcurrieron los hechos en la vida real, los investigadores compararon las listas de objetivos que los participantes habían redactado con lo que realmente habían conseguido; también confiaron en la información aportada por los propios individuos. «Cuando uno fantasea sobre algo, sobre todo si se trata de algo muy positivo, es casi como si lo estuviera viviendo», afirma Heather Barry Kappes, de la Universidad de Nueva York y coautora del estudio. Eso engaña al cerebro, que cree que el objetivo ya se ha conseguido, y reduce los incentivos para esforzarse por lograrlo. Los resultados podrían ser mejores si, en lugar de ignorar los obstáculos, se piensa en cómo superarlos.


Esta actitud podría aplicarse también al deporte. Un estudio publicado en el número de julio de Perspectives on Psychological Findings sugiere que la revisión mental de todos los pormenores de una prueba atlética puede resultar más beneficiosa que imaginarse un resultado óptimo. «Se trata de pensamiento positivo, pero con instrucciones», afirma Antonis Hatzigeorgiadis, de la Universidad de Tesalia y autor principal del estudio.

2 comentarios:

Víctor dijo...

Estoy de acuerdo, "el pintarlo todo de color de rosa, puede no ser tan adecuado para obtener éxito en las cosas"..

Y el que diga lo contrario, ¡que mire cómo estamos tras ocho años de optimismo!

Un abrazo, y perdona por esta pequeña maldad.

civilis dijo...

Bueno Víctor, es otra manera de buscar provecho al contenido del artículo. Gracias, de verdad, por tus comentarios, aunque yo no comparta algunos, como el que has puesto. El mundo sería muy aburrido si todos pensáramos de la misma forma, ¿no? Un abrazo.